Es Posible
Gane o pierda el Congreso, Trump no se detiene. Su futuro y lo que viene para México, Brasil, Venezuela, Cuba, Irán y el petróleo, y nueve escenarios que nadie está mirando.
Hoy Estados Unidos vota y medio mundo cree que se juega el destino de Donald Trump.
No se juega. Gane o pierda el Congreso, la versión más peligrosa de Trump está por venir.
El domingo cargué gasolina y me quedé mirando cómo corrían los números en la bomba. El promedio nacional amaneció en cuatro dólares con veintinueve centavos el galón. Hace un año estaba en tres. A finales de febrero, la víspera de la primera bomba sobre Irán, en dos con ochenta.
Esa pantalla vota hoy. Vota más fuerte que cualquier encuesta, que cualquier anuncio, que cualquier debate.
Y sin embargo quiero decir algo que casi nadie está diciendo hoy. Hoy no se decide si Donald Trump puede gobernar. Eso lo decidió él hace dos años, cuando se dedicó a construir una presidencia que no necesita al Congreso para lo que más le importa. Hoy se decide otra cosa: quién le va a estorbar, cuánto y en qué terreno.
Si los republicanos conservan las dos cámaras, Trump tendrá dos años sin frenos. Si pierden la Cámara de Representantes, que es lo que yo pronostico, pasa otra cosa.
Trump tendrá dos años sin frenos y con un enemigo.
Mi tesis es que la segunda versión le conviene más de lo que sus críticos imaginan.
Este texto explica por qué. Cómo votan los que ya votaron. Por qué fallan las encuestas, y hacia dónde. Qué puede y qué no puede hacer un Congreso hostil. Qué viene, ya, para México, Brasil, Venezuela, Cuba, Irán y el petróleo. Y qué futuro le queda al propio Trump. Al final dejo nueve escenarios que no están en la conversación. Separo siempre lo que es hecho confirmado de lo que es mi análisis. Las fuentes van al final, una por una.
Reconstruidos tras el fallo de la Corte sin votar una ley.
Las firma el Tesoro.
Departamento de Justicia.
Departamento de Estado y Seguridad Nacional.
Aprobado en julio de 2025, alcanza hasta 2029.
Venezuela e Irán, sin voto del Congreso.
Revocarlas exige las dos cámaras y vencer el veto.
Designados desde el 20 de febrero de 2025.
Poder exclusivo del presidente.
Anularlo exige dos tercios en ambas cámaras.
Elevado cinco billones de dólares en 2025.
Los confirma el Senado.
Los confirma el Senado.
La reconciliación exige las dos cámaras.
Las comisiones las controla la mayoría.
Destituir exige 67 senadores.
Un texto nuevo requiere ley del Congreso.
Clasificación: análisis de Simón Levy con base en las facultades vigentes. «Con fricción» significa que el Congreso puede estorbar, pero no impedir sin dos tercios. Toca los botones para cambiar el resultado.
Antes de que abrieran las casillas, Estados Unidos ya había votado en cantidades de elección presidencial. Al 30 de octubre, más de 46 millones de personas habían votado por correo o en persona. Es más que todo el voto anticipado de la intermedia de 2022. El lunes la cuenta ya pasaba de 53 millones.
En los estados que publican el partido de cada votante, los registrados como demócratas suman alrededor del 44 por ciento de esas boletas. Los republicanos, cerca del 31. Los independientes, el resto. La mitad de quienes ya votaron tiene 65 años o más.
Leído así, el titular es fácil: van ganando los demócratas. Yo no lo leo así, y no porque prefiera otra historia. Ese número mide cómo vota la gente, no por quién vota. Desde 2020 los republicanos se volvieron votantes del día de la elección. Los demócratas votan antes y por correo. En 2024 los demócratas también llegaron arriba en el voto anticipado. Trump ganó los siete estados disputados.
Hay, eso sí, una señal que no conviene esconder. La distancia demócrata en el voto anticipado es hoy bastante más ancha que hace dos años: en 2024 los dos partidos llegaron casi parejos a esta altura, y hoy los separan cerca de diez puntos. Eso no anuncia un resultado. Anuncia una pregunta. ¿La reserva republicana del martes es tan grande como la de 2024, o se quedó en casa?
Lo que sí está pasando con el voto republicano, y no es menor, es estructural.
Cuando Trump ganó por primera vez, en 2016, los demócratas tenían en Pensilvania 916 mil registrados más que los republicanos. Al cierre de 2025 la ventaja era de 171 mil. En Florida, en 2018, había 257 mil demócratas más que republicanos. Hoy hay un millón y medio de republicanos más.
Eso no se mueve con una mala semana. Es una mudanza de clase: el obrero, el pequeño comerciante, una parte creciente del voto latino, se fueron a la derecha entre 2016 y 2024.
Cuántos de ellos votan hoy es la incógnita entera.
La verdadera elección de hoy no es entre demócratas y republicanos. Es entre el republicano que vota siempre y el votante de Trump que solo vota cuando Trump está en la boleta.
En 2018 y en 2022, sin su nombre impreso, una parte de esa coalición se quedó en casa. En noviembre de 2025, en Nueva Jersey y en Virginia, también. Si hoy vuelve a pasar, los demócratas ganan la Cámara. Si no pasa, las encuestas habrán fallado otra vez en la dirección de siempre.
Las encuestas no mienten como miente un político. Mienten como un espejo empañado: muestran a quien se deja ver.
Una encuesta es una llamada. Contesta quien quiere contestar. Y desde 2016 sabemos que el votante que más desconfía de las instituciones, de los medios y de los encuestadores es justamente el que menos contesta. El encuestador lo sabe y corrige con fórmulas: pondera por edad, por escolaridad, por lo que la gente dice que votó la vez anterior. Pero no puede pesar a quien no está en la muestra. Ese voto no aparece en la gráfica. Aparece en la urna.
En 2016 los promedios le daban a Hillary Clinton seis puntos y medio de ventaja en Wisconsin. Ganó Trump. En 2020 las encuestas nacionales exageraron la ventaja de Joe Biden por casi cuatro puntos, el error más grande en cuarenta años según la propia asociación de encuestadores de Estados Unidos. En 2024 los promedios hablaban de empate técnico o de una ventaja mínima de Kamala Harris. Trump ganó el voto popular por punto y medio y los siete estados que decidían.
Hasta aquí, la historia que todo trumpista repite hoy. Ahora la parte que casi nadie cuenta.
En 2022, sin Trump en la boleta, la famosa ola roja no llegó: los republicanos ganaron la Cámara por un margen corto y perdieron un asiento en el Senado. En noviembre de 2025 los promedios le daban a Mikie Sherrill tres puntos de ventaja en Nueva Jersey. Ganó por trece. En Virginia, Abigail Spanberger aparecía diez arriba. Ganó por quince. El error fue igual de grande. Solo cambió de lado.
En Brasil vimos las dos caras en tres semanas. El 4 de octubre Flávio Bolsonaro terminó primero con 47 por ciento, mejor de lo que marcaban los sondeos. A mitad de mes, una de las encuestadoras más citadas del país lo daba ganador de la segunda vuelta, 51 a 49. El 25 ganó Lula por tres puntos y medio. Mismo país, mismas empresas, error en direcciones opuestas.
El error no tiene partido. Tiene ausente.
Diferencia en puntos entre el margen del promedio de cierre (o del sondeo indicado) y el margen del resultado oficial. En 2024 se toma una ventaja de cerca de un punto para Harris en los promedios. Cálculo propio.
La conclusión es incómoda para los dos bandos. El error de las encuestas no tiene partido. Tiene ausente. Se equivoca a favor de quien moviliza a los que nunca contestan el teléfono. Cuando Trump está en la boleta, esos ausentes son suyos. Cuando no está, en 2018, en 2022 y en 2025, el ausente fue el republicano que se quedó en casa.
Por eso no me baso en encuestas. Me baso en tres cosas que no se pueden fingir: quién ya votó, quién se registró en qué partido durante diez años y cómo quedaron dibujados los distritos.
Una parte de esta elección se decidió hace meses, en las legislaturas estatales y en la Corte Suprema.
En el verano de 2025 Trump le pidió a Texas redibujar sus distritos para sacar hasta cinco asientos más. California respondió con su propio mapa. Después vinieron Misuri, Carolina del Norte y Ohio. El 29 de abril de 2026 la Corte Suprema decidió el caso Louisiana contra Callais, seis votos contra tres, y dejó casi sin dientes la sección 2 de la Ley de Derecho al Voto, la que obligaba a dibujar distritos de mayoría negra en el sur. Ese mismo día la Cámara de Florida aprobó un mapa que puede mover hasta cuatro asientos.
Al final, diez estados redibujaron a mitad de década, algo que no se veía desde el siglo diecinueve. Los republicanos se dibujaron unos dieciséis distritos nuevos a favor; los demócratas, seis. Una ventaja neta cercana a diez asientos antes de contar un solo voto.
Traduzco. Los demócratas no compiten hoy en la cancha de 2018. Compiten en una cancha inclinada. Los republicanos llegan con 219 asientos y 218 hacen mayoría. Para quedarse con la Cámara, los demócratas tienen que ganar por más de lo que parece.
En el Senado la aritmética es otra. Los republicanos tienen 53 de 100 y, si hay empate a 50, desempata el vicepresidente, JD Vance. Los demócratas necesitan cuatro asientos netos sin perder ninguno de los suyos. Tienen que defender Georgia y Míchigan, y ganar en estados donde Trump ganó con holgura: Carolina del Norte, Maine, Ohio, Alaska, Iowa. Y el más simbólico de todos, Texas, donde Ken Paxton enfrenta a James Talarico.
Mi pronóstico, construido sin encuestas y publicado en octubre, lo sostengo hoy: Senado republicano, 53 a 47, con Míchigan del lado republicano. Cámara demócrata, entre 228 y 232 asientos. En Texas, Paxton por medio punto. Si me equivoco, me equivoco en público y con números. Esta noche el mapa en vivo estará en pronostico.simonlevy.mx.
Ahora lo importante. Supongamos que acierto. ¿Qué pierde Trump?
Si los republicanos ganan, Trump tiene dos años sin frenos. Si pierden la Cámara, tiene dos años sin frenos y con un enemigo.Análisis · Simón Levy
Un presidente de Estados Unidos tiene dos cajas de herramientas. Una se llena con leyes del Congreso. La otra, con poderes que el Congreso le dio hace décadas y nunca le volvió a quitar. Trump pasó su primer año y medio vaciando la primera caja y llenando la segunda.
Los aranceles son el mejor ejemplo. El 20 de febrero de 2026 la Corte Suprema le dijo que la ley de emergencias económicas, la IEEPA, no le permite cobrar aranceles. Fue un golpe real. Cuatro días después ya cobraba un arancel global del diez por ciento con otra ley, la sección 122. Esa duraba ciento cincuenta días. El 24 de julio, el mismo minuto en que venció, entró la sección 301: entre diez y doce y medio por ciento para sesenta economías, sin fecha de caducidad. Los aranceles de la sección 232 al acero, al aluminio y a los autos nunca se tocaron. El Congreso no votó nada. No hizo falta.
Con el dinero pasa algo parecido. La ley que Trump firmó el 4 de julio de 2025 trae cerca de 170 mil millones de dólares para frontera y deportaciones, 45 mil millones solo para detención. Ese dinero ya está aprobado. Una Cámara demócrata puede protestar, pero no puede quitar lo que ya se aprobó sin el Senado y sin la firma del presidente. La misma ley subió el techo de deuda en cinco billones de dólares. La vieja arma de la oposición, amenazar con la quiebra del gobierno, se quedó sin balas por un buen rato.
La guerra es la tercera prueba. El 3 de enero una operación militar sacó a Nicolás Maduro de Venezuela. El 28 de febrero Estados Unidos e Israel empezaron a bombardear Irán. Ninguna de las dos cosas pasó por una votación del Congreso. Una Cámara demócrata puede aprobar resoluciones de poderes de guerra. Trump las veta. Para anular un veto se necesitan dos tercios en las dos cámaras, y nadie los tiene.
Luego está todo lo que vive en el Poder Ejecutivo por diseño: las sanciones de la OFAC, las acusaciones del Departamento de Justicia, las visas que da o quita el Departamento de Estado, las designaciones de cárteles como organizaciones terroristas, los indultos. Ninguna depende de quién presida la Cámara.
En el tablero de arriba hice el ejercicio con diecisiete palancas. Si gana todo, Trump conserva las diecisiete. Si pierde la Cámara, conserva doce intactas, tres con fricción y pierde dos. Si pierde las dos cámaras, el peor escenario para él, conserva nueve intactas. Y en ninguno de los cuatro escenarios su cargo corre peligro: para destituirlo se necesitan 67 senadores. No los tiene nadie.
Lo que de verdad pierde con una Cámara demócrata cabe en dos líneas. Pierde la vía para aprobar impuestos y gasto con mayoría simple, como hizo en 2025. Y pierde el blindaje: llegan los citatorios, las comisiones, las investigaciones sobre su familia, sus negocios y sus guerras. Es mucho ruido. No es un freno.
Lo dijo él mismo en enero, frente a sus legisladores: si no ganamos las intermedias, van a encontrar una razón para someterme a juicio político. Tiene razón. Y precisamente por eso una derrota en la Cámara puede ser su mejor noticia de los próximos dos años.
Miren la historia. En noviembre de 2006 George W. Bush perdió las dos cámaras por la guerra de Irak. Dos meses después no se retiró de Irak: mandó más tropas. En 2010 Barack Obama perdió la Cámara y se dedicó a gobernar por decreto, con la pluma y el teléfono, como él mismo dijo. En 2018 Trump perdió la Cámara; en febrero de 2019, cuando el Congreso le negó el dinero del muro, declaró una emergencia nacional y movió miles de millones de otras partidas. Ningún presidente se hizo más chico después de perder una intermedia. Todos se mudaron al terreno donde el Congreso no llega.
Trump tiene además cuatro ventajas que esos presidentes no tuvieron.
La primera: ya no se somete a ningún voto. La intermedia de hoy es la última vez que los votantes pueden castigarlo directamente, y él no estará en la boleta de 2028. Desde el miércoles, el costo electoral de cualquier decisión impopular lo pagan otros.
La segunda: le regalan un enemigo con nombre y apellido. Con una Cámara demócrata, cada precio alto, cada cierre de gobierno y cada investigación tiene un culpable distinto a él. Un tercer juicio político, que el Senado no puede convertir en destitución, sería el mejor anuncio de campaña que podría soñar el candidato republicano de 2028.
La tercera: el Congreso que se va sigue siendo suyo hasta el 3 de enero. Son sesenta días de mayoría republicana saliente, sin nada que perder. Lo que quiera aprobar rápido, lo puede intentar ahí.
La cuarta, la menos vista: la Cámara no confirma a nadie. El Senado sí. Si los republicanos conservan el Senado, como pronostico, Trump sigue nombrando jueces, embajadores, fiscales y generales. Y, si se abre una vacante, un ministro de la Corte Suprema. Samuel Alito tiene 76 años. Clarence Thomas, 78.
Entonces, cuando me preguntan cómo gobernaría Trump si pierde, la respuesta es sencilla. Como gobierna hoy. Por arancel, por sanción, por acusación, por visa, por decreto, por emergencia, por veto y por nombramiento. Lo único que cambia es que, en lugar de pedirle permiso a un Congreso dócil, va a pelear contra uno hostil. Y Trump pelea mejor de lo que pide.
Hay, por supuesto, un escenario en el que pierde de verdad: si los demócratas ganan también el Senado. Ahí se le cierran los nombramientos y la Corte. Es el único que le cambia la década y no solo los dos años. Por eso, si alguien me pregunta qué mirar esta noche a las nueve, le digo esto: olvide la Cámara. Mire el Senado. Carolina del Norte, Maine, Ohio y Texas.
Cuando me preguntan cómo gobernaría Trump si pierde, la respuesta es sencilla: como gobierna hoy.Análisis · Simón Levy
Hay algo que no se ha dicho con claridad: medio mundo se detuvo a esperar esta elección.
El 8 de octubre Trump escribió que Estados Unidos no atacaría a Irán en ningún momento antes de las intermedias. Antes había dicho que la guerra terminaría inmediatamente después. Rusia aceptó en principio volver a negociar con Ucrania, con mediación estadounidense, después del 10 de noviembre. En México, diez solicitudes de detención con fines de extradición llevan desde abril sin cumplirse. En Venezuela, el Departamento de Estado presentó el 26 de octubre su ruta hacia una elección presidencial. En Cuba, la negociación sigue abierta y sin firma.
Fechas. Todas apuntan al día siguiente.
Toda la Cámara, 35 asientos del Senado y 36 gubernaturas.
«No atacaremos antes de las intermedias.» Desde aquí, sin esa atadura.
Pláticas con Ucrania, con mediación de Estados Unidos, después de esta fecha.
La base de las sanciones por corrupción, la orden 13818, se renueva cada año en esta fecha.
Termina la ventana de sesenta días del Congreso saliente.
Último día para comentarios en Estados Unidos rumbo a la revisión de 2027.
Con un Congreso en contra y Flávio Bolsonaro en Estados Unidos.
Ruta de Washington: vacante en la presidencia y seis meses para elecciones.
Diputados federales, gubernaturas y congresos locales.
Sin extensión de dieciséis años, la revisión se repite cada año.
Fin del mandato constitucional en Sinaloa.
Trump no está en la boleta.
Último día de su segundo mandato.
Desliza la línea →
Mi lectura: el 3 de noviembre no es una meta. Es una pistola de salida. Lo que se pospuso por la elección empieza a moverse el 4. Y se mueve con un presidente que ya no tiene que cuidar a ningún candidato.
La guerra con Irán empezó el 28 de febrero. Tuvo un alto el fuego del 8 de abril al 8 de julio, se rompió por el estrecho de Ormuz y desde entonces vive en una zona gris: bloqueo estadounidense a los puertos iraníes, un estrecho bajo control iraní, golpes intermitentes y negociaciones que no cierran. Teherán dijo este mes que no renuncia a enriquecer uranio. Washington exige recortes de verdad. A finales de octubre podía llegar a la zona un tercer portaaviones, el Theodore Roosevelt.
El costo se ve en la gasolinera. El diésel tocó su récord histórico el 22 de septiembre: seis dólares con 52 centavos el galón. El Brent anduvo cerca de los cien dólares en octubre. La gasolina lleva desde finales de julio arriba de cuatro dólares, el precio más alto jamás registrado para esta época del año. Mi lectura es directa: Trump pausó la guerra antes de la elección porque la gasolina era su peor candidato.
Después del martes hay dos caminos, y los dos le sirven.
El primero es el trato. Trump prometió que la guerra terminaría al día siguiente de la elección y que la gasolina bajaría. Si se reabre Ormuz, el petróleo puede caer hacia los ochenta dólares en semanas; ese era el nivel que los grandes bancos calculaban con el estrecho abierto. Gasolina barata en 2027 es el regalo más valioso que le puede dejar a su sucesor.
El segundo es la escalada. Sin elección que cuidar, puede volver a bombardear con fuerza para forzar el trato. Ahí el Brent puede irse arriba de 110. México lo resiente por dos lados. El Paquete Económico 2027 se calculó con una mezcla mexicana de 61.80 dólares por barril, y el mercado anda muy por encima: Pemex vende más caro, sí, pero México compra más cara la gasolina que importa y el subsidio en la bomba se come la diferencia.
Un dato para no perder de vista: con o sin Congreso demócrata, la decisión es de Trump. Ninguna resolución de poderes de guerra sobrevive a su veto.
El 3 de enero Estados Unidos sacó a Maduro de Venezuela y lo llevó a juicio. Lo que vino después sorprendió a muchos: Washington no puso a María Corina Machado en el poder. Reconoció a Delcy Rodríguez como presidenta encargada y restableció relaciones con Caracas. Machado volvió al país el 25 de octubre, después de diez meses fuera. El 26, un alto funcionario del Departamento de Estado explicó la ruta: que Rodríguez declare vacante la presidencia y se abra un plazo de seis meses para elecciones. El 29, Rodríguez prometió elecciones con una autoridad electoral renovada. No dio fecha. Los registros de su abogado en Washington dejan ver que piensa ser candidata.
La lógica no es democrática. Es energética. Con Ormuz restringido, el crudo pesado venezolano vale oro para las refinerías del Golfo de México. Estabilidad primero, elecciones después.
Mi escenario: después del martes, sin costo electoral, Trump puede escoger. Apurar la elección y entregarle el país a quien la gane, que hoy sería Machado, o administrar a Delcy mientras el petróleo fluya. La señal del 26 de octubre apunta a lo primero, en 2027. La guerra con Irán empuja a lo segundo. Yo vigilaría los contratos petroleros antes que los discursos.
Cuba vive su peor año desde el periodo especial. Después de Venezuela, Washington le cortó el combustible: amenazó con aranceles a quien le venda petróleo a la isla y México suspendió sus envíos. Hubo apagones masivos, liberaciones de presos y conversaciones que el propio Miguel Díaz-Canel confirmó en marzo. Estados Unidos puso una condición: que Díaz-Canel deje el cargo. Y del lado cubano apareció un interlocutor inesperado, Raúl Guillermo Rodríguez Castro, nieto de Raúl Castro. Lo que se ha reportado como oferta es petróleo a cambio de abrir CUPET, la empresa estatal de combustibles, y de la salida del presidente.
Aquí hay un escenario que nadie está mirando. Un trato con la familia Castro tiene un costo político en Florida, donde el voto cubanoamericano pesa. Mientras hubo elección enfrente, ese costo contaba. A partir del miércoles cuenta mucho menos. La probabilidad de un acuerdo transaccional sube después del 3 de noviembre, no antes. La de una presión final, también. Lo que baja es la paciencia.
Ahora México. Y aquí quiero ser muy preciso, porque es donde más se confunde la gente.
El 28 de abril de 2026 la Cancillería recibió diez solicitudes de detención provisional con fines de extradición. El 29, la Fiscalía del Distrito Sur de Nueva York hizo pública la acusación contra el gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, y nueve funcionarios y exfuncionarios, expediente S9 23 Cr. 180: conspiración para importar narcóticos a Estados Unidos con el Cártel de Sinaloa a cambio de sobornos millonarios, según la propia acusación. El exsecretario de Seguridad de Sinaloa cruzó por Nogales y quedó detenido en Arizona doce días después. El exsecretario de Finanzas se entregó. En México no han detenido a nadie. La Fiscalía General de la República dijo que la solicitud no traía pruebas. Rocha Moya pidió licencia, regresó al cargo el 21 de agosto y a los dos días volvió a pedir licencia.
Mientras tanto, el 29 de septiembre la OFAC bloqueó una red de Los Mayos en Baja California: 21 personas y 25 empresas, entre ellas el exesposo de la gobernadora Marina del Pilar. Y el 11 de septiembre el presidente firmó la determinación anual sobre países de tránsito y producción de drogas. Por primera vez en seis años, ese documento le exige a México algo que nunca había puesto por escrito: exponer, arrestar y procesar a funcionarios públicos corruptos vinculados con los cárteles.
Hay quien en Morena cree que una Cámara demócrata le compra tiempo. Se equivoca de calendario. Todo lo que acabo de enumerar es Poder Ejecutivo. La acusación es del Departamento de Justicia. El bloqueo es del Tesoro. Las visas son del Departamento de Estado. La designación de los cárteles como organizaciones terroristas existe desde el 20 de febrero de 2025. Ninguna pasa por la Cámara de Representantes. Y el combate al fentanilo es de las pocas cosas que en Washington se votan casi por unanimidad. Un demócrata que investiga a Trump no va a defender a un gobernador acusado de pactar con Los Chapitos. Lo va a usar para demostrar que es más duro que él.
Las leyes ya están sobre la mesa y no necesitan un voto nuevo: el 21 U.S.C. 963, conspiración para importar narcóticos; el 18 U.S.C. 2339B, apoyo material a una organización terrorista designada, que hoy alcanza al Cártel de Sinaloa y al CJNG; la Orden Ejecutiva 14059, para bloquear bienes; el 8 U.S.C. 1182, para negar visas, también a familiares que se beneficiaron. Son herramientas de un solo firmante.
Mi lectura de los próximos meses, y la marco como análisis: la pausa fue electoral. Washington no quería un gobernador mexicano detenido ocupando los noticieros en plena campaña. Desde el miércoles ese cálculo desaparece. Y el calendario mexicano empuja. El 12 de enero de 2027 cierra la consulta pública de Estados Unidos para la revisión del T-MEC, que el 1 de julio Washington se negó a extender por dieciséis años. El 6 de junio de 2027 México elige diputados federales, gubernaturas y congresos. La seguridad y el comercio ya viajan en el mismo expediente.
¿Qué cambia en cada escenario? Con el Congreso republicano completo, Trump puede llevar un T-MEC reescrito al Capitolio y aprobarlo rápido, con capítulos de seguridad adentro. Con una Cámara demócrata, cualquier cambio de texto necesita votos demócratas, y los demócratas van a pedir más capítulo laboral, más derechos y más combate a la corrupción. En los dos casos la presión sobre los narcopolíticos sigue. Cambia el tono. No la dirección.
Para la diáspora, dos datos que no se mueven hoy: desde enero de este año se cobra un uno por ciento a las remesas enviadas en efectivo, y el dinero para deportaciones está aprobado hasta 2029. Ninguno de los dos se revierte con una Cámara demócrata sin el Senado y sin Trump.
El reloj de Washington no corre al ritmo de las mañaneras. Corre al ritmo de sus propias elecciones. La de hoy era la última que lo detenía.
Hay quien en Morena cree que una Cámara demócrata le compra tiempo. Se equivoca de calendario.Análisis · Simón Levy
El 25 de octubre Lula hizo lo que casi nadie hace en Brasil: perdió la primera vuelta y ganó la segunda. Flávio Bolsonaro había quedado arriba el 4 de octubre, 47.03 contra 45.16. En la segunda, Lula sacó 51.79 contra 48.21, una diferencia de 4.4 millones de votos. Días después Flávio salió de Brasil. Hoy está en Estados Unidos.
Lula ganó la presidencia, pero no el Congreso. Lo expliqué en La cuña: va a gobernar con un Congreso en contra y con Washington del otro lado. Desde julio de 2025 el ministro Alexandre de Moraes está sancionado por el Tesoro bajo la ley Magnitsky. Esa herramienta, otra vez, no pasa por el Congreso.
Ahora pongan el mapa encima. En menos de dos años el Foro de São Paulo perdió Venezuela, con Maduro preso en Estados Unidos. Bolivia, donde el MAS salió del poder. Honduras. Chile, con José Antonio Kast. Colombia, con Abelardo de la Espriella. Y Perú, donde Keiko Fujimori le ganó a la izquierda por unos cincuenta mil votos. Argentina, Ecuador, Paraguay, El Salvador y Panamá ya estaban del otro lado.
Maduro capturado el 3 de enero; Delcy Rodríguez, interina con aval de Washington.
El MAS sale del poder; gobierna Rodrigo Paz.
Sale Libre; Nasry Asfura asume el 27 de enero.
José Antonio Kast asume el 11 de marzo.
Keiko Fujimori gana por unos 50 mil votos.
Abelardo de la Espriella sucede a Gustavo Petro.
Lula, reelecto el 25 de octubre, con un Congreso en contra.
Claudia Sheinbaum; elección intermedia el 6 de junio de 2027.
Sin combustible y en negociación abierta con Washington.
Ortega y Murillo, cada vez más aislados.
Yamandú Orsi, izquierda moderada.
Al Foro le quedan dos pulmones: Brasilia y la Ciudad de México. Lo demás es Cuba y Nicaragua, que respiran con asistencia, y Uruguay, que es otra cosa.
¿Qué cambia hoy para ellos? Menos de lo que creen. Una Cámara demócrata le daría a Lula y a Claudia Sheinbaum interlocutores amables, audiencias, cartas firmadas. No les da aranceles, sanciones ni visas, porque esas no salen del Congreso. El único escenario que de verdad los alivia es el improbable: un Senado demócrata que frene nombramientos y una Casa Blanca distraída. Y aun así, el Tesoro seguiría firmando.
Mi escenario para la región: Washington va a tratar por separado a sus dos pulmones. A México lo presiona por seguridad, porque hay frontera, tratado y cárteles designados como terroristas. A Brasil lo presiona por sus jueces, por sus socios y por China. Y el puente entre los dos que más incomoda en Washington tiene nombre: Cuba.
Los dejo aquí, en el orden en que yo los vigilaría.
El premio mayor de hoy es el Senado. Con 53 republicanos, una vacante en la Corte Suprema en 2027 o 2028 le daría a Trump su cuarto ministro y una mayoría conservadora hasta la década de 2050. Con un Senado demócrata, esa silla se congela, como se congeló en 2016.
Entre el 4 de noviembre y el 3 de enero gobiernan un Congreso saliente con mayoría republicana y un presidente sin elecciones enfrente. Es la ventana de más riesgo para Irán, Cuba y México. Si algo grande va a pasar, pasa ahí.
Si la Cámara se decide por tres o cuatro asientos, el resultado puede tardar días o semanas: California cuenta despacio. Con un Departamento de Justicia que ya demandó a California por su padrón, una disputa de asientos no es imposible. Y una mayoría de uno o dos escaños no garantiza nada: basta una renuncia.
Un tercer juicio político no destituye a Trump. Le deja al candidato republicano de 2028 la campaña hecha. Los demócratas que ganen hoy van a tener que decidir si caen en la trampa. Muchos van a caer.
Sin el voto de Florida enfrente, un acuerdo con la familia Castro cuesta menos. El cambio en Cuba puede llegar por la vía menos esperada: un negocio.
Mientras Ormuz siga a medio cerrar, Venezuela vale más como pozo que como democracia. Si Delcy Rodríguez es candidata y el petróleo fluye, Washington puede tolerarla más de lo que Machado quisiera.
Apostar a los demócratas es apostar a que el Poder Legislativo frene al Ejecutivo en un terreno donde el Legislativo no manda. Las acusaciones, las sanciones y las visas siguen. Y la elección mexicana de junio de 2027 se va a jugar con Washington mirando cada candidatura.
Mi sospecha: el trato con Irán vale más en 2027 que en octubre de 2026. Gasolina por debajo de tres dólares un año antes de la presidencial vale más que cualquier anuncio.
Rusia aceptó volver a la mesa, pero después del 10 de noviembre. Putin quiere saber con qué Trump negocia: uno debilitado o uno libre. Si lee uno libre, la paz en Ucrania puede acelerarse. Si lee uno débil, va a esperar a 2029.
El título de este texto promete el futuro de Donald Trump. Empiezo por lo que no admite interpretación: tiene 80 años. Si se queda hasta el final, dejará la Casa Blanca el 20 de enero de 2029 con 82. Hoy es el último día en que un votante estadounidense puede castigarlo directamente.
Sobre un tercer mandato, lo mejor es citarlo a él. En 2025 dijo que había métodos para buscarlo. En la cena de corresponsales de este año se puso una gorra de Trump 2028 y bromeó con que la tercera vez sería todavía mejor. En agosto lo dijo sin rodeos: le encantaría competir, pero la ley es muy fuerte. La enmienda 22 prohíbe que alguien sea electo presidente más de dos veces, y cambiarla exige dos tercios de las dos cámaras y 38 estados. Después de hoy, con cualquier resultado, ese camino está cerrado.
Mi lectura: el tercer mandato no es un plan. Es una herramienta. Mientras se hable de Trump 2028, el partido mira a Trump y no a sus herederos, y un presidente al que todos ven de salida pierde poder antes de tiempo. La gorra sirve para no volverse pato cojo.
La sucesión es otra cosa, y aquí está el único punto donde perder sí le cuesta. Los nombres que se repiten son dos, JD Vance y Marco Rubio. Mi apuesta es Rubio. Es secretario de Estado y asesor de Seguridad Nacional al mismo tiempo, algo que no se veía desde Henry Kissinger. Es el arquitecto de lo que Trump presume hacia afuera: la caída de Maduro, el cerco a Cuba, la presión sobre Brasil y sobre los narcopolíticos de México. Y la base ya empezó a decirlo: en agosto, en la Cumbre Conservadora del Oeste, los asistentes lo pusieron 36 puntos arriba de Vance. Trump guarda su respaldo como guarda todo, hasta el último momento, porque en cuanto lo entrega deja de ser el centro. Si los republicanos pierden hoy la Cámara, la carrera por 2028 se abre antes, aparecen aspirantes que querrán tomar distancia de él y su palabra vale un poco menos. Si conservan las dos cámaras, el gran elector de 2028 es él, sin discusión.
Después del 20 de enero de 2029 viene la pregunta legal. Con una Cámara demócrata, lo previsible son dos años de citatorios sobre sus negocios y los de su familia, de las criptomonedas a los tratos en el extranjero. La Corte Suprema le reconoció en 2024 inmunidad por sus actos oficiales; los privados quedaron fuera. Ese expediente no se cierra con la elección de hoy. Se abre.
Fechas de vigencia según la ley y los textos oficiales. Las barras abiertas no tienen fecha de término. Elaboración propia.
Pero el futuro de Trump no se mide en sus años de gobierno. Se mide en lo que dura lo que deja. Los aranceles de la sección 301 no tienen fecha de caducidad. El dinero para deportaciones corre hasta 2029. El T-MEC vive en revisión anual hasta 2036. Los jueces que nombró, y los que nombre si conserva el Senado, son vitalicios: muchos seguirán dictando sentencias en la década de 2050.
Para México eso tiene nombre y apellido. Quien herede a Trump hereda el expediente mexicano, y mi apuesta es que será Marco Rubio: el mismo que diseñó la política para Venezuela, Cuba y Brasil, y la presión sobre los narcopolíticos. Para México, el trumpismo sin Trump ya tiene domicilio: el Departamento de Estado.
El futuro de Trump no se mide en sus años de gobierno. Se mide en lo que dura lo que deja.Análisis · Simón Levy
Vuelvo a la gasolinera. Hoy millones de personas votan con ese número en la cabeza, y es probable que castiguen al partido del presidente, como lo castigan casi siempre en una intermedia. Desde 1934 el partido en la Casa Blanca ha perdido en promedio 28 asientos de la Cámara en estas elecciones.
Pero castigar a un presidente no es quitarle el poder. El voto de hoy puede hacer lo primero. Lo segundo ya no está en la boleta.
Trump lo entendió antes que nadie. Construyó una presidencia de aranceles, sanciones, acusaciones, visas y guerras que no pasan por el Capitolio. Si hoy pierde la Cámara, va a gobernar igual, con un enemigo más y una elección menos. Si gana, va a gobernar igual y más rápido. En los dos casos, la versión más peligrosa de Trump es la que empieza mañana.
Para México eso tiene una traducción directa. Los próximos veintiséis meses no los decide una mayoría en Washington. Los decide un hombre que ya no tiene que volver a pedir el voto.
Ese es el día D. No hoy.
Mañana.
Fuentes y niveles
Hecho confirmado. Election Lab de la Universidad de Florida, voto anticipado al 30-oct-2026. Departamento de Estado de Pensilvania y División de Elecciones de Florida, registro por partido. Corte Suprema de EE.UU.: Learning Resources v. Trump (20-feb-2026) y Louisiana v. Callais (29-abr-2026). Proclamación presidencial de la sección 122 (20-feb-2026) y acción de la sección 301 de la USTR (24-jul-2026). USTR, aviso de consulta pública para la revisión del T-MEC (2-oct-2026; comentarios hasta el 12-ene-2027). Ley Pública 119-21 (4-jul-2025). Publicación del presidente de EE.UU. del 8-oct-2026 sobre Irán. AAA, precios de gasolina y diésel. ICE, futuros del Brent. Fiscalía del Distrito Sur de Nueva York, acusación S9 23 Cr. 180 (29-abr-2026). SRE (28-abr-2026). FGR. Congreso de Sinaloa, licencias de mayo y agosto de 2026. OFAC (29-sep-2026). Determinación Presidencial 2026-23 (11-sep-2026, Federal Register del 18-sep-2026). Departamento del Tesoro, sanción Magnitsky a Alexandre de Moraes (30-jul-2025). TSE de Brasil (4 y 25-oct-2026). Registraduría Nacional de Colombia. JNE del Perú. Departamento de Estado, sesión informativa sobre Venezuela (26-oct-2026). AAPOR, evaluación de las encuestas de 2020. Resultados oficiales de Nueva Jersey y Virginia 2025. SHCP, Paquete Económico 2027. INE, calendario 2026-2027. Corte Suprema de EE.UU., Trump v. United States (1-jul-2024). Constitución de EE.UU., enmienda 22 y artículo V. Declaraciones públicas del presidente sobre 2028 (marzo de 2025 y agosto de 2026). Cumbre Conservadora del Oeste, encuesta entre asistentes (agosto de 2026).
Reportado, sin confirmación oficial. La condición de Washington de que Miguel Díaz-Canel deje el cargo y la oferta de combustible a cambio de abrir CUPET, transmitida por el canal de Raúl Guillermo Rodríguez Castro.
Análisis. El tablero de diecisiete palancas y su clasificación por escenario, la gráfica de error de las encuestas (cálculo propio con promedios de cierre, el sondeo indicado y resultados oficiales), el calendario de después, los escenarios y el pronóstico y la apuesta por Marco Rubio para 2028 son de Simón Levy. El pronóstico se publicó en pronostico.simonlevy.mx.
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